Bueno en mi caso lo de las copas se vio reducido al mariconesco número del que me siento avergonzado de 4, pero valga en mi defensa que a medida que la ingesta de alcohol iba in crescendo el dolor de tripa aumentaba proporcionalmente y que al llegar a la cuarta amenazaba muy seriamente con expulsar allí mismo sin aviso ni mediación posible ni un cuidado y fuera todos que evacúo, hasta el primer potito nutribén que mi madre tuvo a bien darme en un pasado muy lejano (ese Portu bienvenido al club de los 24). Pues eso, que yo no amorticé como es de rigor los 35 napos. Pero bueno, eso ya lo hizo mini_yo, los míos y los suyos y los de parte del bar de al lado así que al final todo queda en familia. Pues resulta que a cierta hora de la noche que no viene al caso pero en la que estoy seguro de que yo ya me había pasado a la cerveza (todo el mundo sabe que la cerveza calma la tripa) y el señor mini_yo estaba perfectamente siempre y cuando no se soltara de la barra en cuyo caso tendía a acercarse peligrosamente rápido a las baldosas, va este último sujeto y haciendo un alarde de equilibrio y saber estar consigue de manera milagrosa y sin apenas tropezones ni contratiempos acercarse hasta mi persona abrazado a su sempiterna copa y me comenta que hay una chiquilla que dice conocerme. Coño. Siempre está bien saber a qué chiquillas conoce uno, pensé yo. Y ahí que voy a ver quién es la afortunada, y mini_yo que me dice esta es Almudena (o Susana, o María, o Pepa, o sor Gertrudis de todos los santos y parte del extranjero que no lo recuerdo), y yo que miro a mini_yo y pienso que ya debería dejar lo de las copas porque yo a esa chorva no la conozco, ni me suena ni ná de ná. Pero claro la otra te mira sonriente así que qué vas a hacer, pues dos besos y qué te parece la fiesta y un chiste y a ver si te dice algo que te refresque la memoria y la consigues centrar en algún punto de tu cerebro porque seguramente la conociste un día de fiesta y fuiste muy majo y qué chico tan simpático y ella se acuerda y tú no porque ibas borracho como un piojo y ahora a ver qué coño la digo y saca conversación de donde sea. Situación esta que se repite periódicamente en mi deambular por el mundo. Y después de un rato no muy largo pues la digo que mira, que yo soy así y que no tengo ni pajolera idea de dónde la he visto, ni cuándo, ni qué la dije ni si tuvimos sexo o no, y que desde el cariño y lo buena gente que me lo recuerde para que no siga sufriendo en silencio. Y ella que se vuelve a sonreír y a ti que te suena la sonrisa pero no sabes de qué y va y te suelta:
“Yo soy la que te dio la tui el otro día”.
Como que en Santander hay mar y en Madrid no que es cierto esto que escribo. Y yo no estaba mamao. Acojonante pensé yo. De expediente x. Y la tía se acuerda la muy cabrona y todavía me lo restriega. Cabrones. Cabrones. Cabrones. Eso dio lugar a más conversación en la que yo la comentaba como había recibido la inteligencia caducada y ella se despollaba de mi y me explicaba muy poco convincentemente que tú verás que yo soy una mandada que si por mí fuera y que me caes muy bien. Lo que me faltaba, cornudo y apaleao.
Así que después de la experiencia paranormal, de otras cuatro cervezas, de otros enecientos chistes, más risas y pocos excesos pues me piré para casa muy bien acompañado (cosa fácil cuando tienes todo el pescao vendido antes de empezar) a terminar el año como dios manda que son las ventajas de no estar tajao como una cuba, que se pueden terminar los años como dios manda.









