lunes, marzo 13, 2006

¿Te gusta conducir?

Aviso para navegantes: a partir del día de hoy tenéis un motivo más para andar con mil ojos cada vez que cojáis el coche dispuestos a circular por Cantabria y alrededores. ¡El pelirrojo ha añadido una nueva faceta a su carácter multidisciplinar ya que ha aprobado el práctico!

Nuestra enhorabuena desde aquí al nuevo terror sobre cuatro ruedas. Ahora que ya tiene edad, y a la espera de que algún alma cándida ose prestarle su vehículo, puede hacer unas prácticas con este juego. Además, así estimula el ingenio.

El nivel principiante tiene su intríngulis

Eso sí, Tomé y todos, tened cuidado a la hora de echar un pique automovilístico por estos territorios, porque últimamente está la cosa muy mala. Entre los Dani Sordos de utilitario tuneado, los forajidos de leyenda que te pegan un tiro al coche por no dejarles adelantar en el túnel de Maliaño y los ninjas que sacan el ginsu para introducirlo por tu ventanilla mientras esperas en un semáforo de Puertochico por un "quítame allá estas rotondas" no sé yo si no os resultará más rentable desplazaros en bici. Aunque tampoco, que en cualquier momento te saltas un semáforo en rojo y te ventilan por menos de nada, ¿verdad Retirao?

domingo, marzo 12, 2006

Simpsonmanía

Quien más y quién menos, seguro que todos os habéis preguntado alguna vez qué tal quedaríais como uno de los personajes de los archiconocidos Simpsons. Estáis de suerte, el Simpsomaker tiene la respuesta a vuestra pregunta. Más o menos.

Se supone que éste soy yo

Pero lo que seguramente nunca os hayáis planteado (de acuerdo, yo sé que sí, que tenéis mucho tiempo libre, pero no me jodáis la entradilla, anda) es lo contrario: qué ocurriría si Bartholomew y compañía fueran de carne y hueso y lograran superar esa deficencia hepática crónica que sufren, adquiriendo su piel un tono más rosado del que habitualmente lucen. Mis contactos en la Asociación de Antiguos Alumnos Calasancios me han hecho llegar un correo con la respuesta a tan intrigante cuestión. Et voilá:


Post dedicado al Tamborilero y al Lugonino, fervientes seguidores de la pintoresca familia del señor Homer y amplios conocedores de todo lo que acontece en la ficticia población de Springfield.

miércoles, marzo 08, 2006

OPBL (by otro Arturo)

Pues hoy no me apetece escribir, hoy que trabajen las mujeres, así que copio y a tomar por saco. Resulta que siempre me ha hecho mucha gracia la resignación con la que el gran hakuna (yo insisto) de esta página lleva sus múltiples achaques y demás curiosidades que suceden en su deambular por el mundo y resulta también que hay una frase suya que uso muy a menudo (porque en todas partes cuecen habas, amigo portu) que es que el cabrón de Murphy era un optimista. Pues adivinen quién opina igual que ambos dos. Sí, es él.

LA LEY DEL BARCO FONDEADO

Imagino que conocen ustedes la famosa ley de Murphy: cuando algo puede salir mal, sale mal. Por ejemplo: cuando una tostada se nos va de las manos, siempre cae al suelo por la parte de la mantequilla. Pero esa ley, probadísima, no es la única. La experiencia demuestra que cada cual puede establecer un número infinito de leyes propias, que amplían la de Murphy o que se internan por otros apasionantes vericuetos de nuestra vida y percances. Tengo amigos que hasta las anotan a medida que las descubren, coleccionándolas. La Ley del Taxi que Acaba de Pasar por la Esquina, por ejemplo. O la Ley del Alambrito del Bimbo.

Yo mismo poseo un amplio surtido. La de la Llave Equivocada es una de ellas: no importa el número de llaves que lleve tu llavero; si es más de una, la mitad de las veces que intentas abrir una cerradura empleas la llave equivocada –sin contar las variantes dientes arriba o dientes abajo, reservadas a la llavecita del buzón–. Otra que se cumple siempre, con precisión asombrosa, es la Ley del Prospecto Farmacéutico: cada vez que abres una caja de medicamentos, lo haces siempre por donde el prospecto, plegado, impide acceder al contenido. Pero no soy yo sólo. Mi compadre Carlos G. acaba de establecer la Ley del Autobús Oportuno: cada vez que besas a tu secretaria en una calle de una ciudad de cinco millones de habitantes, pasa en ese momento un autobús con tu mujer en la ventanilla. Ahora mi compadre amplía esa ley con interesantes derivaciones, como el llamado Axioma de Carlos: las posibilidades de conservar hijos, casa, coche y perro en casos de divorcio son inversamente proporcionales a los años de matrimonio y a la mala leche acumulada por tu legítima.

Tales leyes no admiten excepciones. La Ley del Barco Fondeado, por ejemplo, se cumple con rigor extremo. Podríamos formularla así: cada vez que te encuentras fondeado con un velero en una costa desierta y de varias millas de extensión, el siguiente barco que fondee lo hará exactamente a tu lado. En verano esto se amplía con inexorables corolarios: aunque quede mucho sitio libre alrededor, todo tercer barco fondeará en el reducido espacio que haya entre tu barco y el que fondeó antes. Al cabo del día, la confirmación de esta ley hace que, con varias millas de costa desierta, quince o veinte barcos se encuentren amontonados en el mismo lugar, borneando unos sobre otros al menor cambio del viento; y que cada patrón de nuevo barco que llegue, piense que algo malo tendrá la parte desierta cuando nadie fondea en ella.

La Ley del Barco Fondeado es utilísima a la hora de hacer previsiones, pues tiene innumerables aplicaciones terrestres. Por no alejarnos del mar, basta cambiar Barco Fondeado por Toalla y Playa, y resultará que, en una playa desierta de varios kilómetros de extensión, toda familia con sombrilla, hamacas, abuela y niños vendrá a instalarse exactamente a dos metros y cincuenta centímetros del lugar en donde hayas extendido tu toalla; pero no lo hará ninguna señora estupenda amante del bronceado integral –Corolario de la Señora Estupenda–. Etcétera. Y en cuanto a la tierra adentro, para qué les voy a contar. Ahí está la Ley de la Mesa Contigua, que no es sino una variante en seco de la del Barco Fondeado: en una cafetería o restaurante con todas las mesas vacías, cualquier nuevo cliente ocupará siempre la más próxima a la tuya –a veces esta ley se ve reforzada por la Norma del Maître Cabrón, que también ayuda–. El lunes pasado, a las diez de la mañana, tuve ocasión de confirmar el asunto. Estaba sentado leyendo los periódicos en una mesa, al fondo de una cafetería de aeropuerto grande y desierta, cuando apareció un grupo de jubilados que venían a echar una partida de mus. En cuanto los vi entrar, deduje: date por fornicado, colega. Y oigan. Queda feo que me eche flores, pero bordé el pronóstico. Cruzaron la sala sorteando mesas vacías y fueron a instalarse en la mesa de al lado. El resto lo pueden imaginar: duples, parejas, órdago a la chica. Y a ver si vienen esos cafelitos, guapa. Todo a grito pelado, entre golpes de baraja. Al rato llegaron más clientes y, por supuesto, se situaron alrededor, bien agrupados; con lo que, al cabo de un rato, aquella esquina de la cafetería parecía una plaza de pueblo en fiesta patronal. Ley del Barco Fondeado, como les digo. Para que luego nos llamen insolidarios. El que está solo es porque quiere. Y ni aun así te dejan.


Arturo Pérez-Reverte

Una de cal y otra de arena

En condiciones normales, en este post colgaríamos la siguiente imagen:

Visto como gif tiene mucha más gracia

Pero dado que hoy celebramos el Día Internacional de la Mujer (desde luego, ya no saben qué inventar), colgaremos esta otra:


Para que luego no digan que somos unos cerdos machistas insensibles que no hacen más que poner fotos de tías ligeras de ropa, en una demostración palpable de nuestro aquiescencia con el trato vejatorio que las dispensa esta sociedad tan clasista en la cual vivimos. Y todo eso.

martes, marzo 07, 2006

Compartir es amar

Y como yo os amo mucho, eso sí, siempre desde una perspectiva netamente heterosexual, voy a compartir con vosotros la foto que hoy por hoy hace las veces de fondo de pantalla de mi sobremesa.

Espero que sepáis apreciar la dificultad que conllevó la toma de dicha instantánea, ya que como los más avispados podréis deducir no es sino el dibujo de cierta camiseta que recibí por mi cumpleaños. Y claro, había que tenerla puesta para llenarla, que ocupara todo el objetivo de la cámara (de móvil, fijáos si somos chanos) y lograr de este modo un mayor impacto visual. La cosa no estaba exenta de dificultad, ya que había que meter aire a los pulmones e hinchar pecho pero teniendo la precaución de que mi torso esculpido en gimnasios mil no se transparentara y la visión de mis pectorales (yo los llamo así; mi fotógrafo opina que son tetas) no echara al traste la foto.


Ahora es cuando debería hacer gala una vez más de mi ingenuidad y proponeros a todos que contactárais conmigo para así hacerme llegar las fotos que decoran vuestros fondos de escritorio y con todos ellos currarme un posteo para el que no habría tenido que estrujarme el magín pensando en un tema. ¡Así nos conoceríamos mejor y me facilitaríais este trabajo que hago por vuestra diversión! Pero como ya sé que sois unos sosos y menos participativos que ......... (escribe aquí el símil más ingenioso que se te ocurra) no lo voy a hacer. Ea.

domingo, marzo 05, 2006

Clásicos Telekiles III

De todos es sabido que Andrés Montes es un grande de las retransmisiones deportivas. Yo particularmente le descubrí cuando en uno de los programas de El día después metieron una cámara en su cabina durante un partido del Atlético de Madrid y así pude oírle decir cosas como ese grandioso "Buenas tardes, me llamo Milinko Pantic se dispone a sacar el corner" y más tarde conocer vía paterna cómo en sus orígenes retransmitía baloncesto bautizando a los jugadores con lindezas como "Chechu Desde Rusia con amor Biriukov" o "Arvydas La torre más alta de Madrid Sabonis".

Y a los de Canal + hemos de agradecer también que decidieran que fuera SU HOMBRE NBA. ¡Cuánto bien ha hecho por esa liga en nuestro país! Como véis, no soy objetivo con él. Es que no hay color. Sentarte a ver un partido de la En-Bi-Ei no comentado por Mr. Montes es INSUFRIBLE. Con él, lo de menos es el partido: que si las palomitas de los pabellones, que si las cheerleaders, que si has escuchado este temazo de no sé quién, que si tal peli es la releche, que si Calabaza's club (del que soy socio compromisario)... una gozada.

Aterrizando en el aeropuerto menosmolero

Como ya supondréis, aquí El Portu Albañilería, Fontanería, 24 horas a su servicio (aunque también respondo por Cristal de Bohemia) y Juanisho Chocolate Blanco Rico (tremenda su evolución, de ser un Rikembe Mutombo intimidador a deleitarnos con sus Fantasías animadas en la cancha) decidieron, en un momento de supremo aburrimiento tan habitual en nuestro deambular por la Universidad, rendirle un particular homenaje sacando analogías entre sus motes y algunos de nuestros profesores por aquel entonces, segundo año de carrera. Aquí os dejo con el histórico diálogo, sobre el que se han realizado ligeras modificaciones para actualizarlo a nuestros tiempos:

- ¡Hey! Soy Andrés Montes. Bienvenidos al club. Esta mañana superclase: Álgebra & Mates I.

- ¡¡Cómo toca la guitarra Mediavilla, Rico!! Es un ¡Jugón! Y nos gustan los jugones. Tarara rarán (poner el riff de inicio del "You really got me" de los Kinks)

- TA-TA-TA-TA Metralleta Sánchez. ¡Triiiiiiple! ¡Ding Dong!

- Reyes Siglo XXII Ruíz ... ¡no aprobarás hasta el siglo que viene!

- Corcu, de Geppetto Brothers, fábrica de profesores de madera.

- Andrés Prieto, el Rey de la Pista: Estopa Mix, ¡todos firmes!

- Muermi parece vivir fuera del partido, como en un universo paralelo, ¿no crees, Andrés?

- ¡Es E.T., no es de este mundo, Daimiel!

- Gómez Sal, rey del pincho de merluza. Y no por los que hace, por los que come.

- ¡Melodía de seducción Higuera!

El documento del delito

Aprovecho para colocaros un enlace desde el que podréis descargar su particular Diccionario y así pasaros un buen rato. ¡No te vayas nunca de nuestras vidas, crack!

miércoles, marzo 01, 2006

Here we go again

No diré que con energías renovadas tras nuestro cumpleaños, porque no es cierto.

Cumpleaños por cierto que podríamos tildar de fracaso cuasi absoluto ya que prácticamente ni perri se ha dignado a colaborar con nosotros durante el pasado mes para hacernos llegar sus loas, alabanzas y relatarnos cómo la lectura de este blog ha cambiado su vida haciéndole mejor persona. Bueno, al menos hemos logrado que Juanisho vuelva a postear. Claro que si para que eso ocurra hay que ponerle en una situación al borde de la muerte no sé yo si va a valer la pena, que lo mismo un día no tiene la ocasión de contarnos qué tal le fue.

Por fortuna alguien que nos ha venido siguiendo en la sombra desde fechas recientes aportando puntuales comentarios en diversos posteos ha decidido dar el siguiente paso y contribuir a la causa con un texto digno hijo de este blog, en el que relata un suceso vivido de cerca por muchos de vosotros, entrañables lectores. El que crea que no se ajusta a la realidad, que critique al redactor en los comments y aporte su visión de los hechos. Yo soy un mandao que se limita a copipastear. Aquí os dejo en compañía de El Retirao.


El alemán y yo

Este cuatrimestre, para hacer un poco más divertido este final de carrera, y tal vez motivado por los numerosos compañeros que han emigrado a las tierras del este, he decidido matricularme en clase de alemán.

El profesor es un hombre de edad indefinida (confesiones recientes nos han hecho descubrir que se cumple ahora su centenario como profesor, pues empezó allá por 1906), amante sin par... de la naturaleza, y gran conocedor de idiomas.

Recuerdo la primera vez que le vi. Recuerdo...

Recuerdo aquella noche en que la dejé
Pero no me acuerdo adónde la dejé...


Corrían los primeros días del otoño del año 2003. Yo acababa de tener posiblemente mis calificaciones más espectaculares de la carrera: 2 suspensos y 10 no presentado. Ante la poco atrayente idea de repetir éxito en el curso que empezaba, decidí una mañana levantarme 4 ó 5 horas más temprano de lo habitual, e ir a la clase de las 9:30.

Llevaba más de seis meses sin ir a clase, y no estaba muy seguro de cuál era el aula. La falta de entrenamiento hizo que llegara un poco tarde, encontrándome que la que teóricamente era la clase a la que tenía que entrar, tenía la puerta cerrada.

Mientras tanto, en el interior de la clase...

El profesor había comenzado la clase con puntualidad alemana. Algunos alumnos, poco acostrumbrados a este tipo de actitudes, fueron entrando poco a poco después de que él cerrara la puerta. Al entrar el último de ellos, el profesor empezó a mostrarse molesto y realizó una crítica a la falta de puntualidad.

Poco después, al otro lado de la puerta...

Abrí la puerta poco a poco, mirando a todas partes en el intento de averiguar si era la clase correcta. Vi algunas caras conocidas, y capté brevemente la sonrisa de la delegada como diciendo: "¡Hombre! ¡Tú por aquí, ya era hora!". Había acertado con la clase. Así que me dispuse a sentarme con la mayor rapidez posible con el fin de molestar lo mínimo y pasar desapercibido. Vi un sitio libre en 2ª fila y me dirigí hacia él.

Sin embargo, tras dar un par de pasos, noté que mi pierna tropezaba con algo blando, y lo arrastraba poco a poco. Un instante después oí un ruido similar al que produce un ordenador portátil cuando cae al suelo desde aproximadamente un metro de altura. Me giré con cierta curiosidad para ver qué había pasado, y vi que el profesor se dirigía hacia la zona de la tragedia, hablando en un idioma indeterminado y haciendo gestos con las manos, mientras toda la clase enmudecía con una exclamación de perplejidad.

Se han dicho muchas cosas de lo que sucedió a continuación. En esta historia, al igual que en muchas otras, nadie tiene claro dónde empieza la realidad y dónde acaba la ficción. Ni siquiera yo recuerdo los hechos con exactitud. Hay que tener en cuenta que no suelo estar despierto a esas horas, y además estoy acostumbrado a que me pasen cosas similares (al fin y al cabo, le puede pasar a cualquiera, ¿no? Es decir, el hecho de que a mí me pase a menudo y que a la mayoría de la gente no le pase nunca, no significa nada, ¿no?), por lo que no presté demasiada atención y me limité a sentarme una vez que quedó claro que mi ayuda para recoger el aparato no era bienvenida.

Así que dejo a la imaginación de cada uno (y a su capacidad de recopilar las distintas versiones) la labor de terminar la historia. Lo que sí que puedo confirmar es que pasaron dos meses antes de que volviera por esa clase, y luego la siguiente vez que vi a ese profesor fue en el examen de septiembre. No parece guardarme rencor: aquel día contestó a todas mis dudas, mi nota no se vio reducida, e incluso a día de hoy deja que me ría de él en clase sin llamarme la atención. Sin duda la explicación lógica es que no se acuerda de mi cara, supongo que debido principalmente a que en la foto que él tiene no tengo gafas y estoy sin afeitar.

Y esa es la historia. La moraleja, y ese es el consejo que me dispongo a dar a las generaciones venideras: "Es mejor no ir a clase y parecer tonto que ir y despejar las dudas"


Pink Floyd - Time