En este blog, salvo por las descripciones del gran hakuna y de servidor de nuestros achaques físicos varios y de nuestras deficiencias y deformidades al ser creados, con mucho amor (en su caso) pero poca maña (en el de ambos), por nuestros respectivos progenitores, la verdad es que se ha dejado de lado un tema de importancia capital y que seguro que a nuestros cientos de miles de lectores interesa sobremanera. Supongo que estarán esperando que diga algo graciosísimo, y cachondísimo, pero no. Que con las cosas del comer no se juega. Hoy el tema es serio. Porque sí, porque no nos podemos tomar a chirigota la salud de los contribuyentes. Bueno, y de los no contribuyentes tampoco, aunque la verdad, por mí podían morirse, porque para no contribuir, pues mejor en otra parte. Bueno, resumiendo, que este blog viene adoleciendo de una falta alarmante de información sobre salud y prácticas que mejoren nuestra calidad de vida, y eso no puede ser, coño. Así que aquí estoy yo para remediarlo.
Y es que la salud es algo harto importante. Sin duda. No creo que nadie me pueda discutir eso. Y cualquier cosa que hagamos para mejorarla es poca. Especialmente la de nuestras queridas y bienhalladas mujeres. Me refiero a las queridas y bienhalladas mujeres en general, no la de cada uno, que eso ya es un tema más escabroso en el que quizás entre en su momento, si consigo juntar el valor necesario. Pues bien queridas amigas todas, vuestro ínclito irlandés de cabecera, un tipo íntegro, desprendido y altruista donde los haya, siempre preocupado por vuestras terribles problemáticas vitales, ya saben, si el verde marengo pega con el amarillo melocotón, si las rayas verticales te hacen menos tetas y las horizontales un culo como una hormigonera, si el champú de aguacate y nueces te deja la cabellera mucho más limpia que el de baba de caracol, si el cabrón de tu novio no entiende tus necesidades sentimentales y todo ese tipo de cuestiones trascendentales, pues, como digo, el señor irlandés está aquí para ayudaros en lo que buenamente pueda y para ello os presenta el siguiente estudio científico llevado a cabo, cómo no, en los iuesei.
Por si acaso hay alguien muy vago que no tiene ganas de dar al link y leerse lo que hay dentro, o que no consigue descifrar el idioma de lo hijos de la gran bretaña, o que incluso leyéndolo y descifrándolo no da crédito a sus ojos, yo les explico. El estudio en cuestión dice, en resumidas cuentas, que:
“PARA REDUCIR EL RIESGO DE CONTRAER CÁNCER DE MAMA ES CONVENIENTE REALIZAR ENTRE UNA Y DOS FELACIONES SEMANALES Y TRAGÁRSELO TODO, TODO Y TODO”.
Para los despistados, comentarles que lo de la felación es más o menos como una mamada, pero mucho más aséptica y limpia. De hecho creo que la felación está permitida por la iglesia siempre que se haga sin mirar. Vamos, es un poco como la diferencia entre hacer el amor y follar. Que es lo mismo salvo que haciendo el amor no hay ruidos inconvenientes, no se suda, se acierta siempre a la primera, dura unos 3,4 segundos y al terminar el chico ideal se queda abrazado a la chica ideal en un abrazo ideal de la muerte. Pues lo mismo.
Lo que no acaban de aclarar en el documento en cuestión es si lo que ayuda a prevenir el cáncer es el movimiento rítmico de cuello que se realiza durante el acto en sí, el esfuerzo prolongado llevado a cabo por el maxilar inferior para evitar roces no deseados con el instrumento succionado, o el hecho de ingerir el contenido del continente masajeado. Porque en caso de ser esto último, que realmente espero que no, mucho me temo que van a empezar a vender por las farmacias batidos de froya. Ahí, al lado de los potitos nutribén. Y eso, la verdad, como que mola menos.
El estudio lo ha realizado gente muy seria y distinguida de la Universidad de Carolina del Norte o fábrica de churros (si no ven la NBA no se esfuercen en entenderlo), de donde salió el señor maikel yordan, así que tiene que ser verdad. Los tipos estos, a los que dicho sea de paso tendríamos que levantar una estatua por tan arduo avance en pro de la humanidad, realizaron su investigación sobre una muestra de más de 15.000 mujeres. Que ya son mujeres ya. Sólo de imaginártelas a todas juntas con la regla dan ganas de construirse un búnker antinuclear. Aunque, ahora que lo pienso, ni un búnker aguantaría tanta mala ostia junta. Bueno, el caso es que de todo este porrón de féminas, 6.246 habían practicado una o dos mamadas semanales durante los últimos 5 a 10 años. Perplejo estoy. De verdad. ¿Pero cómo cojones hacen este tipo de estudios?. Joder, a ver, supongo que irán por la calle con un formulario y asaltarán a la primera que vean:
-Perdone usted, una pequeña encuesta.
- Naturalmente caballero.
- ¿A usted la gusta hacer mamadas?.
- O sí, me encanta.
- Ah bien, ¿y cada cuánto las hace?
- Pues una o dos a la semana, lo que me deja mi esforzado novio.
- Claro, claro. ¿Y se lo traga?.
- Anda, pues claro, me encanta su sabor, me recuerda a las pastas de coco de mi madre.
- Claro que sí. Una última pregunta, ¿usted tiene cáncer de mama?.
Yo es que no salgo de mi estupor. Coño, sólo conozco a uno que conseguiría sobrevivir a la primera pregunta y se apellida Vidal.
Aunque, pensándolo mejor, quizás lo que hagan es trabajo de campo. Vamos, que contratan a una serie de becarios, cuyo objetivo es conseguir que 6.246 mujeres se la chupen una o dos veces a la semana, se lo traguen todo, asegurándose de que rebañan el aparato bien rebañado, y al cabo de unos años les digan si tienen cáncer de mama o no. Y en este caso, yo me pregunto ¿dónde cojones se apunta uno como becario?. Siempre pensando en las mujeres, naturalmente, uno lo que sea por su bienestar, que si hay que sacrificarse, pues uno se sacrifica y punto pelota.
Hombre, señor irlandés, podrían ustedes decirme, también cabe la posibilidad de que no las busquen, de que vayan directamente a tiro hecho. Pues sí, también es una posibilidad, pero que alguien me explique de dónde cojones se sacan 6.246 actrices porno. E incluso suponiendo que consigas reunir a 6.246 titis del gremio, hay que ser imbécil para que una vez que las tienes a todas juntas lo más que se te ocurra preguntarlas es si tienen cáncer. Vamos anda, no me jodas. Hay que ser gilipollas. Porque no es que a mí, así ahora a bote pronto, se me ocurra qué cojones hacer en una congregación de 6.246 Jennas y Teras, aparte de sacar fotos y llamar a colegas a contárselo para que se jodan, pero hombre, de ahí a decidir hacer un estudio de cáncer de mama va un trecho. Además, que cualquier hijo de vecino sabe que en la silicona no sale cáncer, joder.
Bueno del estudio este a mí me quedan dos cosas claras. Que hay que crear urgentemente una liga de canicas para científicos aburridos y tontos del culo que no saben en qué emplear su tiempo ni qué inventar para conseguir mojar el churrín, y que en los states hay mucho vicio y mucha guarrilla suelta.
Pues nada, esto es todo hasta que salga el próximo estudio, seguramente de la universidad de quentaqui, sobre la evidente relación que existe entre jugar al parchís y la aparición de hemorroides galopantes. Yo, mientras tanto, voy a ver si hago mi buena obra del día y consigo contribuir a reducir el riesgo de cáncer de alguna despistada que pase por el pasillo. Todo sea por la continuidad de la raza humana.