Para empezar, cómo no, problemillas a la hora de encontrar aposento para el 205 (sí, tuve choferesa... qué menos, recuerden que había dado mi visto bueno al plan playero), recrudecidos por la presencia de no pocos elementos dignos de ocupar un lugar de privilegio en www.aparcascomoelculo.com.

Suerte que la jornada se amenizó con las críticas sin piedad que dedicamos a todo bicho viviente próximo a nuestro espacio toallero: que si ahí está Vaquerizo el de Alaska, que si a esa la conozco y ha engordado, ojo con ese de los músculos que va exhibiéndose, mucha espalda pero poca pierna (por omitir la palabra "culo" y el dicho que acompañaría a tal frase), o un esos de allá qué sosos, rematando con un "discretamente, mira a tu derecha: ¿de verdad u operadas?"... y no lo dije yo, señores, qué va, eso salió de la parienta. Y uno, que es un mandado, pues mira, cómo no. No una, sino dos veces. Para asegurarse y formarse una opinión válida, claro.
De súbito, nuestra calma se ve interrumpida: una venerable cuasi-anciana tiene la ocurrencia de aposentarse con su sillita justo en nuestras narices. Vamos, que poco más y tenemos que irnos para que cupiese ella cómodamente. Faltaría más, oiga. Si seguro que es que usted tenía reservada esta parcela, como en el camping, y ha venido aquí la juventud maleducada a importunar. Como podrán imaginar, nuestro campo visual se redujo de forma notable, así que adiós diversión criticona.
Mas no todo estaba perdido, pues tras un gélido primer baño de la temporada después del cual perdí momentáneamente mis gónadas (reaparecieron horas después, todos tranquilos), la llegada de una tropa escolar, lo menos de Pucela a la vista de sus reacciones ante la presencia de semejante masa de agua ante sus castellanas narices, achantó a la señorona y tuvimos nueva compañía: 40 críos de 12 añazos y sus dos sufridos tutores.

Y de remate, taratachán, aparición sorpresiva en escena de la hermana, cuñado y sobrino de mi señorita acompañante. De estos no diré nada malo, porque son majísimos y me caen requetebién (y aunque no fuese así, cónyuge b es fiel lectora y hay que guardar las apariencias). Aunque bueno, cierta observación del cuñao hizo mella en mi amor propio. No es verídico eso de que esté echando tripa, que en el reconocimiento médico de hace poco (when poco >= 4 meses) me dijeron que había adelgazado 3 kilos. Y tú no, ea.
Lástima, con lo bien que íbamos y tuvo que acabar así la cosa. Pero no se crean, que no contento con tan trepidante toma de contacto, hoy he tentado a la suerte y he tenido otra sesión más. Y ha habido nueva petición de tasación de glándulas mamarias ajenas. Lástima que los objetivos seleccionados por cónyuge b sean dignos de entrar en un catálogo de aberraciones.
Ah, y esta vez he ido andando. El comentario del engorde no ha caído en saco roto precisamente.
