No, no se trata del plato de moda en El Bulli. Qué va. Es mi manera poética de referenciar la victoria española ante los representantes tunecinos en el partido de anoche.
Ahí estaba yo, intruso en una reunión de fervientes jurgoleros, los cuales se habían ataviado con sus mejores galas para tan magno evento y deseaban hacerme partícipe de sus emociones e ilusiones. Mención aparte para el tremendo surtido de viandas presentes en la mesa que presidía la sala de reunión. Ante tal suma de factores no pude por más que aceptar gustosamente la invitación y presentarme con unas Heineken TM, que así el fútbol se soporta mejor. Con alcohol en sangre, quiero decir. Y si ya aceptan tus exigencias y te ponen la retransmisión de La Sexta, miel sobre hojuelas. Unos grandes mis colegas, oigan.
La cosa empieza malita. Justo cuando voy a realizar mi primer comentario jocoso de la noche, aprovechando la escasa pericia técnica mostrada por uno de los atacantes africanos, va el nota y se saca un pase de churro al centro del área al que sigue un tiro a bocajarro ante Casillas que éste despeja como puede, pero finalmente un disparo no menos churro del tal Mnadi acaba besando las mallas (jo, cómo mola la expresión esta. La de cosas que aprende uno leyendo el Marca). Ya me jodieron el chiste.
Claro, que como bien dice el refranero patrio No existe adversidad que por sinecura no se trueque (vamos, que no hay mal que por bien no venga; es que cuando me pongo cultureta, me pongo a base de bien). Esta inesperada adversidad arrastra una congestión cuasi total en mis compis que les lleva a no tener ni ganas de probar bocado. Cosa que a mi, que soy bastante más pasota, me viene de perlas para meter mano impunemente a la comida. Como un gocho, señores, como un gocho.
En fin, que cuando ya se mascaba la tragedia y se empezaba a pedir a gritos hasta un cambio de canal, a ver si la calva de Maldini traía suerte, apareció el de nunca para hacer lo que mejor sabe, ratonear (¿por qué será que si parece tan fácil no lo hace nadie más que él, sin contar argentinos y/o italianos, que son más espabilados que nadie?), y adelantándose a Travesti, que había hecho un señor partido, anotarse un gol más en su larguíiiisima cuenta y dar rienda suelta a la pasión en los aficionados. Yo, por supuesto, opté por la opción de no comportarme como un señor y reividincar la figura del GRAN RAÚL ante mis acompañantes, ninguno de los cuales muestra devoción por el susodicho. Peor para ellos.
Sólo faltaba la rúbrica y esta vino de manos de este chavalito que juega en el Atleti, se parece al rey de la night santanderina, y no suele recibir halagos por mi parte. Pero por una vez voy a poner punto en boca y simplemente declararle mi agradecimiento por permitirme, tras hacerme sufrir mucho fallando clamorosas ocasiones, eso sí, salir triunfador de una porra más. Show me the money, y tal. Así se tira un penalti, sí señor. En otra ocasión os hablaré más de este don mío que me permite, aparte de ganar dinerito fresco con un deporte que me gusta pero menos, cuasi-acertar los minutos de los goles.
Y ahora, vamos con lo más destacado de la contienda:
Lo mejor - La pancarta con la leyenda Villarcayo is not Burgos. Una demostración de creatividad y fina ironía.
El árbitro - Un amiguete
El crack - Montes, ¿quién si no? Ya no sólo por los dos nuevos motes actorales que me hizo descubrir en la noche de ayer, Tom Cruise y Humphrey Bogart. Ni por sus referencias al Paseo Marítimo de la Castellana. Ni su risa plena de gozo al enterarse de que en el restaurante de su hotel daban cenas hasta las 2 de la madrugada. Ni siquiera por esa oportuna aclaración, con sus desvaríos subsecuentes, tratando de esquivar la posible confusión entre Jaidi, central de Túnez, y Heidi, icono de varias generaciones de tiernos infantes. No, qué va. Lo que marcó la diferencia en su retransmisión de ayer fue ese comentario, no recuerdo a santo de qué, acerca de las notorias diferencias entre la primera novia de uno y las demás que la continúan (eso los afortunados, claro). Cómo incluso tus amigos se prestan al juego de la comparación "Pues Maripili se da un aire a...". Y es que este símil ya fue propuesto hace escasas fechas por uno de mis estimados maestros en el arte de la telemática, y eso, quieras que no, marca.
Lo peor - Las aceitunas, sin duda. Rellenas sólo Dios sabe de qué. Una recomendación: no os fiéis de Ybarra.