jueves, octubre 28, 2010

Fostiando, que es gerundio

Pues nada, yo hoy iba a escribir algo sobre la señora que ha denunciado al pato Donald por acoso (no me ha afectado la altura, es tal cual se lo digo), pero claro, luego recibí incontables cartas de mis incontables fans (dos, en concreto) pidiendo algún dato sobre mis partidas de mus con el Yeti allá por los Nepales, así que decidí cambiar de objetivo escribiente. Pero bueno, el caso es que como los caminos del señor son inexcrutables, y los de mi cerebro más, y además casi nunca hago las cosas que me piden (salvo por la andaluza, que puede ser muy convincente cuando se lo propone), pues al final he decidido que les folle un puercoespín a mis fans y escribir de lo que a mí me salga del capullo, que en este caso concreto es de la última pilíncula que me he echado para el cuerpo, con gran deleite y satisfacción he de añadir, y que me ayudó a sobrellevar con estoica resignación las entretenidísimas 35 horas de viaje a los Himalayas de las pelotas.

“The expendables”, se llama. En traducción literal algo así como “los prescindibles”. En traducción libre “los mercenarios”. Naturalmente cogieron la traducción libre, por más que la otra fuera mucho más de puta madre. Pero aquí somos gilipollas hasta para eso. Bueno, el título es lo de menos, lo realmente importante es que el director, productor, protagonista, y alma máter del todo el asunto es mi venerado, idolatrado, y no siempre suficientemente vanagloriado Tito Sly. Vamos, Stallone. Coño, el puto original e inimitable John Rambo. Y evidentemente cualquier película en la que salga John Rambo tiene que ser buena por cojones (bueno, siendo estrictos, quizá podríamos obviar “¡Alto!, o mi madre dispara”, pero hasta los más grandes tienen a veces un momento de debilidad).

Esta no defrauda. Atentos a la jugada, que sólo la voy a explicar una vez (y no es un chiste aunque lo parezca): estos son Chev Chelios, Danny the Dog, Ivan Drago, Stavros, y otros tres que dan igual (por razones evidentes después de citar lo que he citado), que se ponen a las órdenes de John Rambo, para realizar una misión hiper chunga e hiper secreta por encargo de John McClane, que les elige a ellos por delante de Terminator. La misión, aunque eso es lo de menos, consiste en ir a una república bananera sudamericana conocida como WinkiWinki (al menos en esta crítica) a derrocar al no tan malvado coronel que manda por allí, bajo el malvadísimo influjo (este sí, malvadísimo, malvadísimo) del cabrón americano Tomas Leon (a este le cito por los pelos, porque en realidad no está a la altura). Evidentemente la misión concluye con éxito rotundo (joder, yo creo que ni Chuck Norris podría haber hecho frente a semejante despliegue de testosterona), después de matar por el camino, con amplia proliferación de miembros desgarrados, esputos sanguinolentos, y casquería por doquier, a cualquier bicho viviente que se pusiera a tiro, incluyendo avestruces, ornitorrincos, aliens y predators. Evidentemente también hay un par de troncas de calibre muy muy grueso, pero las muy putas no enseñan carne. Tampoco es que eso importe mucho, porque cualquier tío normalmente constituido ya habrá eyaculado cuando a los 10 minutos de película aparecen en un mismo plano y al tiempo: Rambo, Terminator, y John McLane (que se dice pronto, amiguitos).

De entre todo el elenco de esplendorosos diálogos, os citaré sólo uno, para que se os ericen los cabellos y os quedéis con ganas de más (que según me dice la andaluza es una putada del copón):

- Terminator: “Cuánto tiempo, te veo fuera de forma, has perdido peso”
- Rambo: “Cualquiera que sea el peso que perdí, tú lo has encontrado”

Ahí queda eso. Pues nada, ante esto creo que sobra decir que nos encontramos ante una obra maestra, vórtice de la creación cinematográfica, maravilla de la interpretación, sublimación del séptimo arte, cinta superlativa de las ostias a cascoporro, y redención divina del buen gusto por la estética. Vamos, resumiendo, y para que lo entiendan, la puta ostia.

En general me parece que el resto de críticos del mundo no están muy de acuerdo conmigo, pero eso es porque no tienen ni puta idea. De hecho, creo que la única manera de haber mejorado esta magna obra sería haber metido en el mismo plano a Rambo, a Terminator, a McClane, y a las tetas de la protagonista.

jueves, septiembre 09, 2010

Una de patatas asadas (II)

... continuando.

Te meten al quirófano con tu bata que deja el culo al aire. Huy pobre, dice una de las enfermeras, está temblando de frío. Le puedo asegurar que no es de frío, señora. Pero bueno, un mocetón como tú, si esto no es ná. Señora, no me toque los cojones, ande. Aparece el cirujano. Qué, chaval, cómo va eso. Pues de puta madre hombre, pero lo que tiene que ir bien no soy yo, es su pulso. Ah, no te preocupes por eso, ya me he tomado un par de carajillos mañaneros y eso me lo estabiliza mucho… que no, es broma. Me parto el puto culo, oiga. Te ponen la anestesia justo para el pinchazo en la femoral. Notas subir el catéter por las tripas. Viva. Se ponen a enredar mirando unas pantallas que tú no ves. Ni respiras no vaya a ser que eso les moleste. Ya la tenemos, te dice el cirujano, atento que va. Automáticamente tu corazón se pone a 200. Vale, ya veo. El cirujano viene hasta tu cabeza. A ver chaval, dos noticias, una buena y una mala. No me joda. La buena, hemos podido acceder por la vena femoral así que no te tenemos que pinchar la arteria, que es más jodido. Vale, chachi. La mala, lo que tenemos que quemar está a menos de medio centímetro de lo que NO tenemos que quemar bajo ningún concepto así que aquellas probabilidades de 1 sobre 1000 de que todo se vaya al garete en tu caso son más altas. Mecagoensatán y en la puta estadística, ¿cuánto más altas?. Es difícil de decir, pero más altas seguro. Joder, colega. Bien amigo, tenemos dos opciones, primera, lo congelamos, esto es muy preciso pero poco fiable, así que casi seguro que no toco lo que no hay que tocar, pero también es probable que sigas teniendo el súper poder ¿entiendes?. Entiendo, ¿y la segunda?. Pues nos la jugamos a todo o nada, y lo quemo, esto es fiable casi al 100%, o sea, que te quitamos la sexta velocidad, el problema es que existe un cierto riesgo de que te quitemos también la primera velocidad y volvamos a todo aquello del marcapasos y tal. La puta. Vale, ¿qué prefieres?. ¿Cómo?. Que qué prefieres. Pero vamos a ver, señor médico, estoy aquí tirado en la cama de operaciones, con luces y aparatos infernales, con el ciruelo al aire y un cable metido por la ingle que llega al corazón y con el que estáis haciendo putos experimentos y me preguntas que qué prefiero, ¿pero tú eres imbécil o qué?¿tengo yo cara de haber estudiado puta medicina?, joder, ostia, haga lo que tenga que hacer, pero con seguridad, cagoenlaostia, no venga aquí a hacerme preguntas para las que no tengo puta respuesta. Lo siento, es tu decisión. Tócate los cojones, mariloles. Miras al anestesista, que es el padre de un buen amigo, con ojos de cordero degollado. El tipo te mira y pone mala cara, “irlandés, que te lo congelen”. Ya has oído, hijo de la gran puta, congélalo.

Y lo congelaron. Y todo fue como tenía que ir hasta que al jueves siguiente que yo ya no podía estarme más entre cuatro paredes salí a correr y mi patata de nuevo, oh campos de soledad mustios collados, volvió a meter sexta. Maldita sea mi estampa, joder, ostia, puta. La andaluza y tu madre acogen la noticia con alegría desbordada. Llamas al cirujano de nuevo. Oiga, que soy el irlandés, que lo de congelarlo no funcionó, que sigo con el súper poder. Se lo dije. Ande y no me toque los bajos, que visto lo visto todo el mundo es listo. Pues nada, a quemar, no se preocupe que está chupado. Deje de decirme que no me preocupe joder. Ah sí, y chupado está el coño de su puta madre.

Te vuelven a meter al quirófano con la bata con la que se te ve el culillo. La enfermera te saluda como si estuvieras en la terraza de un puto bar, “hombre, otra vez por aquí”. Ya ve, es que me gustó la primera y vengo a repetir, de hecho a lo mejor me saco un bono de 10, como en el metro. Aparece el cirujano. A ver chaval, muy importante, no te muevas, no hables, y si puedes, no respires. Le miras con cara de incredulidad, ¿esto es un puto chiste o qué?, o sea, ¿que el hecho de que queme o no eso que NO tiene que quemar depende de que yo tosa, o estornude, o me rasque las pelotas?, venga hombre, no me joda, áteme o algo ostia, asegúrese de que no me muevo, joder. Ná, no hace falta, pero vamos, que no te muevas cuando yo te diga. Joder, lo que me faltaba para el duro. Se ponen a enredar de nuevo mirando a las pantallas. Me provocan de nuevo la taquicardia. En un momento dado allí no habla ni dios, y yo aprieto el culillo como en mi puta vida. El cirujano, que tiene cara de muy pocas bromas, mira al que maneja el sedante (que esta vez no es el padre del amigo) y le dice que me dé más chicha. Me voy a los mundos de Yupi.

La andaluza, mirándome con cara neutra. Joder nena, dime que no tengo un puto marcapasos. No tienes un puto marcapasos. Dime que me sigue funcionando el ciruelo. Eso ya no te sabría decir, luego probamos. Ok. Viene el cirujano. Bueno chaval, todo ha ido perfecto, ha costado un poco más de lo previsto pero todo bien. ¿Qué significa que ha costado un poco más de lo previsto?. Bueno, a ver, ¿tú conoces el juego de las siete y media?. Sí. Pues nada, esto es igual: he quemado, y seguía el súper poder, he vuelto a quemar, y seguía el súper poder, he quemado un poco más, y allí que continuaba persistente, y ya habíamos sacado como un seis, así que la cosa estaba en si pedía carta o no, al final hemos cruzado los dedos, hemos pedido carta, y ha salido bien, no nos hemos pasado. Chachi, ahora bien, le voy a decir una cosa maldito hijo de la gran puta, la próxima vez se va a ir a jugar a la puta ruleta rusa con el puto corazón de su puta madre. Coño, qué carácter. Ya ve.

Y eso es todo. Ahora se supone que ya soy normal. Que me puedo ir a Nepal a congelarme tranquilo. Y que nunca me tocará la lotería, porque ya gasté mi parte de fortuna en los juegos de azar.

miércoles, septiembre 01, 2010

Una de patatas asadas (I)

Toda esta mierda empezó cuando mi señor progenitor A, para gran disgusto de mi señora progenitora B, vino y me dijo que si me apuntaba a ir a Nepal. A subir no sé qué pico de 6.500 metros. Ah, pues naturalmente, faltaría plus. Si hay que ir a Nepal, se va, y punto. Tampoco hay mucho mejor que hacer por aquí. Fue entonces cuando recordé lo de mi súper poder cardiaco. Básicamente el súper poder consiste en que cuando a mi patata le parece correcto, mete sexta velocidad y se pone a unas 230 pulsaciones (en 247 está el récord, aunque creo que podría superarlo sin mucha dificultad). Como quien no quiere la cosa. Con la gorra. Así dicho suena muy terrible, pero en realidad lo único que hay que hacer cuando te da el súper poder es sentarse, relajarse y esperar a que el puto corazón vuelva a su ser habitual, cosa que sucede en unos pocos minutos. Si no sucediese, pues entonces ya mejor se llama a una ambulancia para que venga rauda y veloz a que te inyecten no sé qué movidas que hacen que todo funcione otra vez según los ritmos canónicos de los corazones sin sexta velocidad. Y santas pascuas.

Todo esto, claro está, al nivel del mar. Ya más arriba no sé cuáles son los protocolos para conseguir que todo vuelva a la normalidad. Así que decidí ir a preguntárselo a mi cardiólogo de cabecera. El tipo en cuestión, que es todo amabilidad, me preguntó muy solícito que si yo era gilipollas, que si realmente tenía algún retraso, que si estudiaba para ello, o que si sólo me gustaba hacérmelo. No, no, señor cardiólogo, se lo digo en serio, ¿puedo irme a Nepal?. Por supuesto, imbécil, puedes ir, lo que no vas a hacer es volver como a eso que llamas corazón le dé por meter sexta por encima de 5.000 metros. Ah, ya veo. Qué cojones vas a ver, maldito irlandés, tú no ves una puta mierda, si vieras algo te habrías operado hace ya tiempo como te he repetido hasta la saciedad y no andarías jugando a la puta ruleta rusa haciendo maratones y mierdas de esas, ostia, que cualquier día te da un puto infarto, y si no es a ti, a tu madre. Ah, ya veo. Deja de decir que ya ves, joder, y vete a Nepal a ver si así me libro de ti de una puta vez. Bueno, hombre, no se sulfure, si se va a poner así me opero y punto, aquí paz y después gloria.

Así que me operaron. Dos veces. Es que se ve que la primera sólo fue para practicar. De hecho creo que ya que estoy metido en faena voy a ver si me hago alguna de estética también, porque me han comentado que con la crisis la Seguridad Social es como el Carrefour y tienen 3x2 en operaciones. Así que saliéndome por el mismo precio, no es plan de desaprovechar. Y además siempre quise la nariz de Brad Pitt.

Bueno, a lo que iba, que me operaron. El temita en cuestión me lo explicaron como sigue. Tú no te preocupes chaval que esto es muy sencillo. (Por qué iba yo a preocuparme, hombre, no tengo ni la más mínima preocupación, los médicos siempre me han dado mucha confianza, sí señor). Bien, lo que vamos a hacer es meterte un catéter por la vena femoral, llegar al corazón, encontrar el nervio que no debería estar y que hace que tu patata tenga el súper poder, provocarte la taquicardia, quemarlo, y volver a sacar el catéter. (Chachi piruli). En caso de que por la vena no podamos acceder a lo que hay que quemar, pues te pinchamos la arteria y repetimos el proceso. (Ah, ¿y no podrían mirar primero a ver dónde está eso que quieren quemar para acertar a la primera?). No, no podemos. (Chachi). Pues eso es todo. (Un segundo colega, no tan rápido, ¿y si queman lo que no hay que quemar?). Ah, entonces tu patata se queda sin señal y se para. (Ajá, mire, yo no tengo muchos planes de futuro, pero uno de ellos es seguir viviendo, y de lo que recuerdo del colegio para poder llevar a cabo dicho plan es bastante fundamental que mi patata no se pare). Ah sí, no te preocupes, te revivimos con las palas, y te ponemos un marcapasos de por vida, pero las probabilidades son de 1000 a 1. (Ya, a mí me parecen muchas probabilidades). No, que va, son bajísimas, casi nunca pasa nada. (Casi nunca). Sí, casi nunca, ande firme aquí, ¿quiere leerlo?. (No, gracias).

Continuará…

martes, julio 27, 2010

Maricón el último

Bueno, pues nada, ya se me han inflado los cojones con tanto amigos para siempre, tanta dulzura, y tanta puta tontería. Me refiero al Tour. El de Francia. Ya saben, esa carrera donde unos tipos con las piernas depiladas se arriman estopa a base de bien intentando ganar. Bueno, eso era antes. Ahora a lo que se dedican es a dorarse la píldora unos a otros y a untarse vaselina en el culito para que nadie se ofenda. Que parece eso un puto anuncio de compresas, con amplias sonrisas, y hombre por dios pase usted primero, faltaría plus, no se me vaya a enfadar. Qué asco, joder, vaya puta merienda de negros en que lo han convertido. (Un segundo, que voy a vomitar, ahora vuelvo).

Supongo que estén al tanto del asunto. El problema de fondo es que hay mucho periodista y mucho analfabeto (huy, qué tonto, eso último era redundante, perdonen), que no se han subido encima de una jodida bicicleta en su puta vida, y que no tienen ni puta idea de qué va el cotarro del ciclismo, y que calientan la cabeza de los ciclistas y del ciudadano de a pie con el jodido fair play, la educación es lo primero, y anormalidades de calibre semejante. La milonga del marinero y el capitán. Bueno, pues mensaje del tito irlan para todos esos: me cago en todos sus putos muertos, dedíquense a escribir sesudos artículos de opinión sobre la impotencia, imbéciles, que de eso seguro que dominan. Vayan a dar lecciones sobre estilo señorial y pulcritud en el obrar a su puta casa.

Vale, ahora que ya me he quedado un poco más tranquilo, vamos a ver si explico con sutileza de qué va esto de dar pedales. La cosa es muy sencilla. Creo que hasta el más tonto podría entenderlo. Sólo hay una máxima válida: MARICÓN EL ÚLTIMO. Así de simple, y así de jodido. Así de duro. Porque precisamente por eso es grande el ciclismo, porque se va al límite, por la épica, porque la gente echa puta sangre por la boca por ganar, porque se mean encima para cruzar antes que el otro esa puta línea blanca, porque lloran de puto dolor, porque se juegan la puta vida bajando, porque te caes y eso es parte del juego, porque la mayor parte de las veces pierdes la apuesta después de dejarte la puta piel encima del sillín del infierno. El ciclismo es muy grande porque en la carretera no hay piedad, ni amigos, ni gaitas en vinagre. Sólo dolor, sangre, sudor, lágrimas y puta soledad. Por eso es grande, joder, porque hay uno que va delante, y una jauría de doscientos galgos persiguiendo detrás, pidiendo sangre. Porque sólo hay uno que gana. Y porque te dejarías desollar vivo antes que no ser ese uno. Lo que les decía, MARICÓN EL ÚLTIMO.

Evidentemente hay alguna excepción a la regla. En general no está muy bien visto meterle un palo entre los radios al rival, o darle una patada mientras baja a 90 por hora, o, por raro que parezca, también está un poco feo ir con una catana descuartizando a todo aquel que ose adelantarte. Eso es juego sucio. Ahora bien, si te caes, te jodes. Es parte de este puto deporte. Se acepta y punto. Sólo hay dos tipos de ciclistas, los que se han caído y los que se van a caer. Hoy te toca a ti, y mañana a mí (toco madera). Lo que digo, te jodes, te levantas lo más rápido que puedas (si es que puedes), y a machacarte para cazar al grupo. Porque aquí no se espera ni a dios. Y ojo al matiz, he dicho que no se espera, no que haga falta atacar cuando hay montonera. Pero es que incluso si uno atacara aprovechando la caída de alguien, pongamos incluso por caso la caída de su propio hermano, que se queda hecho mierda entre los adoquines y con una clavícula partida en tres, incluso en ese caso extremo digo, no habría nada que objetar, te jodes si te ha pillado el corte, agachas la cabeza, y tiras para adelante sin lloriqueos, apretando primero la izquierda y luego la derecha, hasta que te duelan tanto las piernas que pienses que van a arder por combustión espontánea. Porque repito, esto es así de duro, y así de jodido, y aquí no se da tregua ni a tu puta madre. MARICÓN EL ÚLTIMO.

Así que si en este deporte, cuando la carrera está lanzada, no sólo no se para a ver qué le ha pasado a la sangre de tu sangre, sino que se toma ventaja de ello, mucho menos se puede exigir que uno pare cuando el anormal de tu máximo rival ha sido tan pardillo como para sacar la cadena en pleno ataque. Te jodes. Aprende a cambiar. Para quitar plato hay que sentarse, imbécil. Así que lo que hay que hacer es seguir para arriba, como un jodido obús, más rápido si cabe, y urgar en la puta herida. Que sufra el perro. Que eche putos espumarajos por la boca si quiere agarrarte. Pero desde luego es absurdo pensar, que ante un fallo de juvenil de tu archienemigo, tengas que parar a ver si se encuentra bien, a preguntarle qué le ha pasado, a meterle la cadena caso de que tenga dificultades, y a lamerle los cojones si los tiene doloridos después de tanto rato encima del sillín. Eso no es juego limpio. Eso es ser anormal. Y desde luego, por más que una panda de comevergas lo escriban en los periódicos, eso no es puto ciclismo. Porque ahí no llora nadie más que de puto asco. Y en el ciclismo se llora de dolor y de rabia.

Ahora, lo que ya es cogérsela con papel de fumar, y convertir esto en un jodido circo de mamoneo y mariconismo sin fin, es que como al pobrecito ayer se le salió la cadenita, y hoy ha ido tirando toda la subidita (porque le interesaba, añado), pues se merece ganar la etapa y se la regalo. Eso es un puto paripé. Una puta comedia. Un puto fraude para gente que lleva dos días haciendo noche allí arriba sólo para ver la llegada de gente que se supone que se va a dejar la vida por ganar. Y que al final lo que hace es guiñarse el ojo, abrazarse y darse besitos en los morros. Que les folle un puto puercoespín. Es que se lo merecía. Tócate los cojones. Me la suda que se lo mereciese. El ciclismo no es justo. El ciclismo es una putada. Por eso es tan grande cuando se gana. Y si no que se lo digan a Beloki retorciéndose de puto dolor en la cuneta con la cadera rota. O sin irnos tan lejos, a Carlitos Barredo, 45 putos kilómetros escapado, echándole más cojones que los 300 espartanos juntos, dejándose el puto alma en la carretera, para que los hijos de puta de atrás le cacen a un kilómetro de meta, un mísero y jodido kilómetro, y le dejen tirado sin piedad y como a un perro. ¿No se merecía ganar?. Claro que sí, mucho más que el otro moñas que hizo una subida de mierda. ¿Y ganó?. No, no ganó. Sólo sufrió y lloró al llegar. Octavo. Por eso es grande este puto deporte de mierda. Y no por darse besitos y abrazos con el de enfrente. Si quieren ver finales felices se alquilan una puta peli de Meg Ryan. No te jode.

miércoles, junio 30, 2010

Highway to hell

Bueno hala, hoy toca batallita deportiva. Sí, otra vez. Si están hasta los cojones de las mismas se lo toman en dos veces. No te jode, yo no tengo la culpa de estar todo el puto día sudado y aguantando dolor. La culpa la tienen los cabrones que organizan eventos para subnormales a los que les gusta sudar y aguantar dolor. Los muy hijos de puta te ponen ahí el caramelito, te dicen qué pasa, que eres una nenaza, y claro, uno no es una nenaza, así que acaba yendo.

Quebrantahuesos, se llamaba la de esta vez. El nombre es bastante explícito. Y no por el pajarraco. Por como te sientes al llegar. 205 kilómetros en bici por los Pirineos. Tres puertos de cagarse por la pata abajo. Somport, alias “¿Ha empezado ya el puerto?”, Marie Blanque, alias “El puto muro”, y Portalet, alias “¿Dónde acaba esta puta tortura?”. Una tachuelilla al final para rematar. Hoz de Jaca, alias “Esto no era para nada necesario”. Todo altamente divertido.

Tú tienes compañeros de fatigas que ya la han hecho, y que en su día juraron no volver, y que como son gilipollas ahí están un año más al pie del cañón. Así que ya vas sobre aviso. Amigo, mete toda la tuerca que puedas atrás, que falta te va a hacer en el Marie Blanque. Tú eres un hombretón de pelo en pecho (cuando no te lo depilas como una maricona), pero no un imbécil, así que además de entrenar bastante duro los últimos 15 días, vas donde tu mecánico de confianza y le dices que te meta atrás un 25, que el 23 que llevas no te gusta nada. Irlandés, con la edad te me estás ablandando. Salva, no me toques los cojones, que es fácil hablar cuando no eres tú el que tiene que bajar el pedal. Sigo diciendo que con un 23 vas sobrado, a ver ¿a dónde te vas esta vez?. A la Quebrantahuesos, al Marie Blanque. Ah, joder, (te mira de reojo), bueno, en ese caso si quieres te meto el 26 que a lo mejor el 25 te va un poco justo. Pues no, mira, ahora no quiero yo, lo voy a subir con el 25 por mis cojones, mariloles. Así me gusta, joder, a reventar esos riñones de irlandés cirrótico que dios te dio. Naturalmente.

Pues eso, en Sabiñánigo que te plantas con tus amiguetes. El día amanece despejado, un poco fresco, pero despejado. Así que nada, que somos del norte, culotte corto, maillot corto, manguitos, corta vientos, y camiseta interior de cacamoña. Y lo mismo hasta me estoy pasando, que luego siempre me aso de calor. Se sale, todo el mundo a toda ostia. Te metes en el primer grupetto que encuentras. Cómodo, a casi 40 por hora hasta pie de puerto. Bueno, hasta pie de puerto, o hasta algún punto cercano, porque no hay quién sepa dónde empieza el Somport de los cojones. Vas quitando y metiendo plato a partes iguales. Esto es jauja. Todo pinta bien si no es por esas nubes grises que hay al fondo del valle. Al poco las nubes grises ya no son grises. Ahora son negras que te rilas. Y ya no están al fondo del valle. Ahora están sobre tu puto cogote. Empieza a llover. Bueno, yo soy irlandés, será por agua, no te jode. Sigues subiendo. Buen ritmo. Al poco comienzas a ver gente bajando. Uno dice que arriba nieva. Sonríes, qué cachondo el tío. Espero. Vaya, sí que hace fresquete sí. Ya vas empapado. Empiezas a notar viento de cara. Viento del norte. Su puta madre. Llegas arriba. Aguanieve. Cuatro grados. El frío sobre una bici, mojado, sin la ropa adecuada, y con aire de cara mejor se lo imaginan ustedes, que a mí me da la risa de recordarlo.

Al cabo de un par de kilómetros de bajar ya no sientes las manos. Ni los frenos. Te tiembla todo el cuerpo y la bici te va haciendo extraños de los putos espasmos. Las condiciones ideales para bajar por una carretera que es una jodida pista de patinaje. Los huevos de corbata cada vez que el cuenta pasa de 55. Ves a peña que va más despacio que cuando subía. A los cuatro kilómetros vas prácticamente sin frenos de tanto agua y tanta mierda. La tiritona de campeonato. Llegas abajo y no tienes fuerzas en los dedos ni para cambiar, lo justo para agarrarte al manillar. Miras al tipo que va al lado. Espero tener mejor pinta que él, porque yo le doy unos cinco minutos de vida. El tipo te mira, y pone cara de que tu aspecto tampoco es para echar cohetes. Sonríes. Y mi madre en casa preocupada por si me drogo, le sueltas. El tipo se ríe. Pero no contesta y sigue a lo suyo, concentrado en intentar hacer llegar algo de calor al cuerpo. Sin conseguirlo, claro.

Escot. Sigue lloviendo como si lo fueran a prohibir. Giro a la derecha y empieza el Marie Blanque. Tú das gracias al cielo. Llevas toda la bajada deseando empezar a subir. Lo que sea con tal de entrar en calor. Lo cinco primeros kilómetros muy cómodos. Pim pam, pim pam. ¿Y esto era lo que tenía que asustarme?. Entonces llegas al cartel de 4 kilómetros a cima. Alguien a tu lado dice “highway to hell”, tú miras para arriba y ves una recta de 400 metros, plagada de gente encorvada, sufriendo como puercos, culebreando por la carretera y haciendo auténticas virguerías para mantenerse encima de la bici. Van a la velocidad justa para no caerse. La madre que me parió. Accionas la maneta a toda ostia buscando el 25 que te puso Salva. Lo encuentras. Buscas más arriba pero ya no quedan coronas. Esto es lo que hay amigo. Empieza el muro. Cuatro putos kilómetros, a más del 11% y sin un jodido descansillo donde tomar aire. Cerca de media hora de agonía. Cabeceas de un lado a otro, casi comiéndote el manillar, boqueando como un puto pez fuera del agua. El cuentakilómetros todo el rato entre 9 y 9,5. El pulsómetro todo el rato por encima de 160. Ya no tienes frío. En el último kilómetro vas pensando en la corona de 26 dientes que te dejaste en la tierruca. Ahí está bien. Llegas arriba a casi 180 pulsaciones, con tu puto corazón de dos velocidades a punto de salírsete por la boca. Rezas porque no le dé por meter segunda. Pero no, de momento se porta.


Ojo al tipo de verde pistacho que desaparece por la izquierda del vídeo en el segundo 23-24

Sigue lloviendo. Bajas otra vez cagado de miedo. Otra vez al borde de la hipotermia. Laruns. Giro a la derecha. Empieza el Portalet. 28 kilómetros de puerto, que se dice pronto. Te mentalizas. Amigo, dos horas subiendo. Así que, paciencia. Vista, valor, y al toro. Cuando llevas 100 metros, oyes que te animan por el nombre. ¡Vamos irlandés, vamos!. Esto tiene que ser el jodido frío, que ya oigo hasta voces. No, no es el frío, es la andaluza, y el resto de partes contratantes de mis amiguetes. Que se han venido en coche y llevan media hora bajo el agua, chupando frío, sólo para ver pasar a los imbéciles de sus compañeros de piso. Paro. Hola chicas. Hola irlandés, tienes un color un poco raro ¿qué tal vas?. De fuerzas de puta madre, de frío mejor ni os cuento. Bueno venga, sigue sigue, que te vas a quedar frío. Nena, si me quedo más frío dejo de respirar. Foto, foto. Bajas los 100 metros y los vuelves a subir para la foto. Los tipos que están enfrente flipan. Este es gilipollas. Pues sí, pero es que pasado cierto umbral te la empieza a sudar todo. Te despides y sigues para arriba. Puerto de ritmo. De no cebarse, de ir a lo tuyo, de llevar cadencia y no matar el músculo. Pasas cinco kilómetros malos con náuseas y ganas de potar. Pero bueno, en 28 kilómetros lo raro es no pasar cinco malos. Los dos últimos kilómetros las cunetas llenas de gente. Estos sí que están como chotas. Te animan como si fueras el puto Perico. Corren a tu lado, agitan banderas, se desgañitan contigo, hasta te ofrecen cocacolas sin abrir. Tú ni te lo crees. Lo mismo es que voy el primero. Pero no, no vas el primero, de hecho el primero pasó por allí hace hora y media.

Llegas arriba un poco tostadete. Sigue lloviendo. Cinco grados. Sacas la bolsa de plástico de cierre hermético con tu inhalador porque con el frío se te han cerrado los bronquios. No consigues abrirla porque no tienes fuerza en las manos. Viene un tipo a toda ostia. Grande chaval, trae para acá. Me abre la bolsa, saca el inhalador, me lo da, me chuto, lo coge, cierra la bolsa, me la mete en el maillot, saca de algún lado un periódico seco y me lo coloca en el pecho. ¡Vamos zagal, vamos que ya lo tienes hecho!. Para abajo. A los seis kilómetros deja de llover. Aleluya. Pinchas. Cagoensatán. Paras en la cuneta a esperar a que venga un coche de asistencia porque en ese momento tus manos tienen la misma utilidad que dos putos muñones. Se acercan dos tipos y te dicen que no te preocupes. Te cogen la bici, se llenan de mierda y te cambian la rueda. Sigues flipando. Joder, tú no eres nadie, ostia, nadie, y tienes más gente a tu servicio que el puto Indurain. Gracias. Ni gracias ni ostias, venga zagal, venga. Tiras para abajo, te subes la Hoz de Jaca casi con la carrerilla, te metes en un grupetto y llegas a meta, 7 horas y 52 minutos después de haber salido. Con sol. Su puta madre. A buenas horas, mangas verdes.

Bueno, pues ya está, me dice mi puto diablillo del hombro izquierdo. 3.8 kilómetros nadando, con la minga nos los follamos. 180 kilómetros llanos en bici, hechos sobradamente. 42.195 kilómetros corriendo, conseguido. Eso sí, por separado. Ya sólo falta juntarlo. Pan comido.

lunes, junio 21, 2010

Podróż, podróż

Sentado en mi trono de la paciencia cartilaginosa, y pertrechado con una conexión a Internet vía corriente eléctrica (el siglo XXI, amigos), me hallo en disposición de compartir con todos ustedes un escrito facilitado por el Retirao en el que relata su más reciente experiencia viajera y deja a la altura del betún la del menda con destino Berlín. Y yo que pensaba que mis salidas al extranjero eran trepidantes...

Santander - Toruń en sólo 50 horas

Son las 19:10. Tengo 50 minutos para terminar de preparar unas cosas y llegar a la estación de autobuses.

Cuando estoy colgando la ropa, mi tendedero decide caer estrepitosamente. Intento nivelarlo, pero tras 10 minutos de pelea, soy incapaz. Acabo dejando la ropa colgada en sillas de mala manera y saliendo con más prisa de la esperada para la estación.

El viaje no ha empezado bien.

Llego al autobús con el tiempo justo. Primera parada: Bilbao. Pero a las afueras de Bilbao hay obras, así que el autobús tarda 20 minutos más de lo esperado.

Decididamente hay algo en este viaje que está saliendo torcido.

Después de pasar la típica noche anterior a un viaje de despertarse varias veces durante la noche, al día siguiente salgo nuevamente con el tiempo justo al aeropuerto. Llego a la estación un minuto antes de que el autobús para el aeropuerto salga.

Bueno, parece que con el nuevo día mi suerte ha cambiado.

Llego bien de tiempo al aeropuerto, y cuando estoy en la cola para facturar, me fijo en los carteles: mi avión a Munich va con retraso debido a que han cambiado el avión por una avería. ¿Cuánto? 35 minutos. Ya, y yo tengo 40 minutos para coger mi enlace. Me da que no lo pillo.

No pasa nada. Voy donde los amables empleados de Lufthansa para que me lo resuelvan. "Sí, no se preocupe", y me dan Bilbao - Dusseldorf - Varsovia, llegando a Varsovia a las 19:00, solamente 3 horas más tarde de lo esperado.

Claro que...

- Disculpe, antes de cambiarme la reserva, ¿me podrían dejar ver horarios de trenes en internet?

Veo que hay un tren Varsovia - Toruń a las 19:00. Así que si los aviones llegan a la hora y tardo 0 minutos del aeropuerto a la estación de trenes, podré pillarlo. Pero me da que la estación no está tan cerca... bueno, no pasa nada, a ver el siguiente tren...

El siguiente tren sale de Varsovia a las 22:55 y llega a Toruń a las 2:30. Así que sólo tendría que estar 3 horas esperando en Varsovia en la estación de trenes llena de policía (están ahí por un motivo) y pasar 3 horas en el típico tren nocturno desértico polaco. Todo esto contando con que a esas horas todavía puedan ir a recogerme, que la gente trabaja. Mis conocimientos de esos trenes del "más al este del muro pero es el centro" de Europa me impiden aceptar la generosa oferta de mi compañía aérea.

Pero no pasa nada: sí me permiten cambiar el vuelo al día siguiente. Eso sí, la vuelta no me dejan cambiarla.

- ¿Quiere a la misma hora o antes?

Anda que si mañana me pasa lo mismo...

Así que cojo vuelo para el día siguiente a las 8:00, y paso un día entero en Bilbao matando el tiempo e intentando que el desgaste mental que me producen los viajes no se vaya al extremo.
The island isn't done with you yet.
Al día siguiente facturo correctamente. Todo va como la seda.

Bueno, no exactamente.

Después de matar el tiempo una hora y pasar el control de seguridad, justo cuando voy a la puerta de embarque aparece mi vuelo en pantalla. Retrasado 30 minutos. Y esta vez tengo 55 minutos para el enlace. ¿Llegaré o no llegaré? Sólo espero que no vaya la maleta en un avión y yo en otro.

Las dudas se despejan en cuanto subimos al avión. Como hay huelga en Francia, vamos a tener que volar dando un rodeo y vamos a tardar media hora más de lo previsto. Así que el retraso ya es de una hora. Pero como además vamos tarde, hay más aviones merodeando por el aeropuerto, y tardan 20 minutos en darnos pista para despegar. Como al llegar a Munich me manden a Varsovia no mucho antes de las 19:00, les digo que de vuelta para Bilbao y cancelo el viaje.

Pero todavía no hay que relajarse: "no se preocupe: a lo mejor el vuelo que tenía que coger también va tarde". Así que según lleguemos al aeropuerto hay que buscar el vuelo a toda pastilla. Pero ya se ha ido hace rato.

Nuevamente voy al mostrador de Lufthansa a que me cambien el billete. Curiosamente me dan para la hora que tenía que haber cogido el día anterior. La buena noticia es que si hubiera intentado coger el avión de las 12 de Bilbao me habría pasado dos días seguidos lo mismo, habría cancelado el viaje, y mi cara se habría quedado inmóvil por la incredulidad durante el resto de mi vida.

Pero no hay que preocuparse. El avión llega a Varsovia a las 16:15, que es sólo 4 horas más tarde de lo que tenía previsto llegar hoy, y sólo 24 horas más tarde de lo que tenía previsto llegar al salir de Santander. Aún tengo 6 horas para llegar al concierto de AC/DC. Claro, que, una vez más (y van 3), no tengo entrada...

Como he repasado el plan mentalmente 50 veces, lo hago todo a velocidad sobrenatural: pongo en práctica todo el polaco que conozco para rechazar las generosas ofertas de taxi, pregunto en información dónde hay un cajero, dónde se coge el autobús y dónde se sacan los billetes (los conductores allí no los venden), y saco el dinero.


Relación Euro - Zloty: de esas 2 semanas, adivine el día en que el Retirao sacó dinero

Los billetes se sacan o en el quiosco o en la máquina que hay en la parada de autobús. No soy bueno tratando con máquinas, pero soy todavía peor tratando con personas, así que voy a la parada.

Una vez me las arreglo para seleccionar el billete que quiero, la máquina me rechaza el dinero que introduzco. ¿Será que es mucho? Pues el cajero no da monedas... me dice la máquina que hay un error y que siga las instrucciones que aparecen en la pantalla. Dicha pantalla está en blanco. Mientras tanto, pasa el autobús.

Bueno, al plan B. Voy al quiosco y pongo en práctica el resto de mis conocimientos de polaco para pedir un billete de autobús normal. Me contestan que lo compre en la máquina que hay en la parada de autobús.

Vuelta a la parada de las narices, y veo que hay opción de pagar con tarjeta. Seguro que mi banco me cobra comisiones, pero bueno, mejor eso que quedarme a vivir en el aeropuerto.

Llego por fin a la estación de trenes de Varsovia. O justo enfrente, mejor dicho.

Para cruzar hay que pasar el típico subterráneo cuyo familiar olor a podrido ya había conseguido olvidar después de 3 años. Por supuesto, la primera vez me pierdo, pero tras preguntar a gente con mi amplio repertorio de polaco recién adquirido y seguir unas escaleras a bulto, por fin llego.

Son las 17:23, así que llego con 17 minutos de sobra para coger mi tren de las 17:40.

Tras hacer 26 minutos de cola para sacar el billete, algo me dice que no me va a dar tiempo, así que por si acaso saco billete para el siguiente tren, de las 18:55.

Sigo preguntando cosas a gente, y llego a la siguiente conclusión científica: de cada 8 jóvenes polacos, 4 no hablan inglés, 3 entienden algo, y 1 lo habla muy bien. Una de las que entienden algo me deja su móvil para llamar y avisar de que por tercera vez llego tarde. Como no acepta que le pague la llamada (y no me habría gustado tener que hacerlo), 10 minutos más tarde se me ocurre que ya que no llevo sobaos encima, se puede agradecer con una corbata. Por suerte la chica es más lenta que mi cerebro y todavía está en la estación, así que Revilla puede estar orgulloso.

A las 18:55 llevo ya unos minutos en el andén, y ahí ni llega el tren ni se anuncia nada. Claro que a lo mejor lo han cambiado de andén y sólo lo han dicho por megafonía y no me he enterado.

Pero no, el tren llega finalmente. Un tren muy cómodo. Ahora sólo hay que mantener la mente alerta y bajarse en la parada correcta, que de noche es fácil confundirse.
Know that we'll still have each other, you can stand under my umbrella
El tren tiene prevista la llegada a las 21:40. A las 21:50 llegamos a una parada que no aparecía en el itinerario. Bueno, era mi última oportunidad para que las cosas se torcieran, pero aplico el buen criterio y todo sale bien.
We're together now. Everything's going to be fine. You'll see.
En resumen:

* Hora prevista de llegada: día 26 a las 20:28.
* Hora real de llegada: día 27 a las 21:58.
* Medios de transporte perdidos: 2 aviones, 1 autobús, y 1 tren.

Sólo 25 horas de retraso, para completar 50 horas y cuarto de viaje. Me quedo apenas a una hora de
mi récord.

Las próximas vacaciones me quedo en casa...

Dedicado a todos aquellos que alguna vez
casi no han cogido un avión.

martes, junio 08, 2010

Una de sondas anales

En realidad yo hoy iba a contarles lo de mi corazón de dos velocidades, y todo el divertido proceso que tuvieron a bien hacerme unas personas muy simpáticas para intentar quitarle la segunda marcha y dejarle como el de todo hijo de vecino, con una sola, que ya es bastante. Pero total, como el susodicho intento fue un fracaso absoluto, y me tienen que repetir toda la movida, con sus anestesias, sus catéteres, sus enfermeras tocándome el ciruelo y alrededores, y todas esas cosas tan divertidas a mediodía alegría, pues ya se lo relataré la próxima vez oigan. De momento tendrán que conformarse con lo de las abducciones alienígenas.


Asociación de Abducidos de Compostela. Tela marinera amigos. La AAC, ni más ni menos. Respetada y reconocida institución donde las haiga. Lo que yo me pregunto es, para que haya una asociación de esta índole, ¿qué puto porcentaje de la población de Santiago ha sido abducida al menos una vez?. Calculo yo que por lo bajo al menos a uno de cada tres vecinos de la susodicha localidad le han metido una sonda anal por el culo. De esas que al principio duelen un poco pero que luego ya les vas cogiendo el gustirrinín (según las propias declaraciones del propio presidente de la propia asociación). Digo yo que ante esta plaga de ataques anales, el cabildo y asociados hayan tomado ya medidas urgentes y se repartan gratuitamente por el pueblo botes de vaselina de considerable tamaño, para paliar en lo posible las molestias de la primera vez.

Hombre, una cosa está clara, los aliens son aliens, pero no gilipollas. No creas tú que se dedican a porculizar peña en Villaconejos de la Pepitilla, estepa Pacense. No. Ellos se van a Santiago, donde después de una agotadora mañana de sondar ortos, se pueden meter una buena mariscada con alvariño, y encima departir en alegre algarabía sobre percebes y nécoras con los sondados. Todo claro está, con el único objetivo de confraternizar y de coger fuerzas para la sesión vespertina de desvirgamiento.

Y es que parece evidente que el Stephen Hawking este puede que sepa algo de agujeros negros (aunque también es dudoso), pero que de gentes extraterrestres anda muy mal informado. Entes les llama el muy mamón. Cuando todo el mundo sabe, de toda la vida de dios, que son lagartos. O es que no ha visto UVE. Válgame dios, cuánta ignorancia hay por el mundo. Y luego tienen los cojones de llamarse investigadores. Pues si estos cintifiquillos de pacotilla hubieran tenido el más mínimo interés por informarse sabrían perfectamente, porque para eso está la AAC, que evidentemente estos lagartos del más allá, vagan por el universo a lo largo de millones de años luz de distancia, sonda anal en mano (o en pata, no quiero ser inexacto), preparados y dispuestos para metérsela por el culo al primer ser humano que encuentren. Y si es gallego mejor. Que seguro que encima le invita a unos orujos y a unas cigalas.

Lo que debería hacer el tipejo este y sus compinches antes de hablar, y me refiero de nuevo a Stephen Hawking, es irse una noche con la AAC a la campiña colindante con Santiago para sentarse a la luz de las estrellas (si no está nublado, claro) a comerse unas palomitas (o una papilla de palomitas, quizá mejor en su caso) mientras escudriña el cielo a la espera de que las ordas lagartiles bajen en sus tecnológicas naves para meterle una pera anal de alta precisión por su tercer ojo. Y entonces ya podrá opinar con conocimiento de causa sobre extraterrestres, sobre mariscadas y sobre agujeros negros (de los del espacio, y de los que tienen pelo alrededor).