Aviso a navegantes, las siguientes líneas pueden herir sensibilidades, son políticamente absolutamente incorrectas, y están redactadas desde la más profunda inquina y el hijoputismo más exacerbado. Pero qué quieren que les diga, donde las dan las toman, querido presi, y tampoco estamos para dejar pasar oportunidades que usted solito se encarga de ponernos en bandeja. Y qué cojones, hay ciertas situaciones que hacen que me gotee el colmillo, se me hinche la vena de la frente, y el cabrón bastardo que llevo dentro (mal disimulado) salga a la luz a ejercer de justiciero psicópata, aunque sea a costa de unas inocentes criaturillas que sólo pasaban por allí, y nada o poco tienen que ver en el asunto. Pero qué le vamos a hacer, usted lo entenderá mejor que nadie, ya sabe, daños colaterales al servicio de un bien superior. Como lo de cerrar centrales nucleares, conciencia obliga, amigo.
En realidad toda la culpa la tiene el fotógrafo. El muy cabrón. Que seguro que sacó varias y al final dijo, venga, esta, que salen sin cuello y chepudas, ya verás qué risas me echo luego con el fotoshó. Aunque bueno, en su descargo hay que decir que no siempre es fácil captar tan nítidamente a criaturas del inframundo, y mucho menos sin que se vean los vapores sulfurosos que seguramente emanan de sus cuerpos (con especial virulencia de sobacos y chichi). De hecho estoy casi convencido de que Íker Jiménez aún está babeando cual cochino jabalín ante campo de bellotas, después de ver esta clara evidencia de la existencia de un más allá. Aunque, independientemente de las pesquisas y averiguaciones que pueda hacer nuestro ínclito Íker, lo realmente aterrador del caso, lo que de verdad pone los vellos puntiagudos, lo que acojona que te cagas, es que las saquen a pasear sin correa.
En realidad toda la culpa la tiene el fotógrafo. El muy cabrón. Que seguro que sacó varias y al final dijo, venga, esta, que salen sin cuello y chepudas, ya verás qué risas me echo luego con el fotoshó. Aunque bueno, en su descargo hay que decir que no siempre es fácil captar tan nítidamente a criaturas del inframundo, y mucho menos sin que se vean los vapores sulfurosos que seguramente emanan de sus cuerpos (con especial virulencia de sobacos y chichi). De hecho estoy casi convencido de que Íker Jiménez aún está babeando cual cochino jabalín ante campo de bellotas, después de ver esta clara evidencia de la existencia de un más allá. Aunque, independientemente de las pesquisas y averiguaciones que pueda hacer nuestro ínclito Íker, lo realmente aterrador del caso, lo que de verdad pone los vellos puntiagudos, lo que acojona que te cagas, es que las saquen a pasear sin correa.

El bicho de la derecha llegó directamente de patear culos de moros con sus botas de la legión
El señor presi comenta que somos unos cabrones por publicar el documento gráfico en cuestión. Bueno, no nosotros en particular, que no somos tan importantes, él se refiere a la sociedad en general, que no tiene valores, ni caridad cristiana alguna, y que, según él, no respeta los deseos paternos de preservar la inocencia, dulzura, e intimidad de los tiernos infantes. Y a mí, naturalmente, me da la risa. ¿Acaso esos dos mutantes respetaron la intimidad de los pipiolos que se jalaron en el desayuno?¿No merecen un respeto las cabras y gallos que sacrifican en sus ritos satánicos, y cuyas entrañas se comen crudas (en abundancia además, a tenor de las lorzas que se intuyen bajo tan elegantes túnicas)?.
El caso es que con semejantes gárgolas en casa no me extraña que el señor presidente estuviera preocupado por no darlas a conocer al mundo. Pero no por ellas, no, nuestro insigne presi, siempre solidario y atento al bien del ciudadano, lo que pretendía era evitar los suicidios en masa que se pudieran producir ante el descubrimiento de la existencia de mutantes entre nosotros (no vaya a ser que sea contagioso).
Claro, que seguramente otro gallo cantaría, si en vez de ese par de orcos de mordor, le hubieran salido dos putas valquirias vikingas de cuerpos prietos y turgentes tetas. Entonces probablemente se hubiera olvidado del derecho a la intimidad, de la ingenuidad infantil, y de gilipolleces similares, y las habría paseado con orgullo por todas las putas revistas de papel cuché, con profusión de vestidos vaporosos, escotes por el ombligo, y comentarios de pie de foto denotando una inteligencia sin parangón. Pero no. La ruleta de la fortuna dijo gremlins, y gremlins salieron. Perra suerte, hombre.
La verdad es, querido presi, que ahora que veo los devastadores efectos que ha tenido la radioactividad en su familia, esas terribles deformidades y mutaciones, no puedo por menos que solidarizarme con usted, y desear que cierren todas las centrales nucleares del planeta. No podemos arriesgarnos a que este tipo de aberraciones se extiendan por el mundo mundial. E incluso, viendo su difícil situación familiar, estoy dispuesto a encabezar una colecta para recaudar fondos que le permitan comprar un terrario más grande donde guardarlas, y así no tenga usted que volver a sacarlas de casa (por si acaso se descontrolan y utilizan a las hijas de Obama para hacerle una ofrenda al macho cabrío). Ya sabe, un espacio amplio, donde puedan estar cómodas, con las condiciones de luz y humedad propicias para el desarrollo de alimañas de su misma especie, y con suficientes babosas para que puedan mantener una correcta alimentación y no descuiden sus orondos y lozanos organismos.
Bueno, pues nada amigo, que ahora entiendo muchas cosas, aunque seguramente lo que más diáfano me haya quedado tras el detenido escrutinio de la imagen en cuestión, son sus muy particulares motivaciones para conseguir modificar la ley del aborto.
El caso es que con semejantes gárgolas en casa no me extraña que el señor presidente estuviera preocupado por no darlas a conocer al mundo. Pero no por ellas, no, nuestro insigne presi, siempre solidario y atento al bien del ciudadano, lo que pretendía era evitar los suicidios en masa que se pudieran producir ante el descubrimiento de la existencia de mutantes entre nosotros (no vaya a ser que sea contagioso).
Claro, que seguramente otro gallo cantaría, si en vez de ese par de orcos de mordor, le hubieran salido dos putas valquirias vikingas de cuerpos prietos y turgentes tetas. Entonces probablemente se hubiera olvidado del derecho a la intimidad, de la ingenuidad infantil, y de gilipolleces similares, y las habría paseado con orgullo por todas las putas revistas de papel cuché, con profusión de vestidos vaporosos, escotes por el ombligo, y comentarios de pie de foto denotando una inteligencia sin parangón. Pero no. La ruleta de la fortuna dijo gremlins, y gremlins salieron. Perra suerte, hombre.
La verdad es, querido presi, que ahora que veo los devastadores efectos que ha tenido la radioactividad en su familia, esas terribles deformidades y mutaciones, no puedo por menos que solidarizarme con usted, y desear que cierren todas las centrales nucleares del planeta. No podemos arriesgarnos a que este tipo de aberraciones se extiendan por el mundo mundial. E incluso, viendo su difícil situación familiar, estoy dispuesto a encabezar una colecta para recaudar fondos que le permitan comprar un terrario más grande donde guardarlas, y así no tenga usted que volver a sacarlas de casa (por si acaso se descontrolan y utilizan a las hijas de Obama para hacerle una ofrenda al macho cabrío). Ya sabe, un espacio amplio, donde puedan estar cómodas, con las condiciones de luz y humedad propicias para el desarrollo de alimañas de su misma especie, y con suficientes babosas para que puedan mantener una correcta alimentación y no descuiden sus orondos y lozanos organismos.
Bueno, pues nada amigo, que ahora entiendo muchas cosas, aunque seguramente lo que más diáfano me haya quedado tras el detenido escrutinio de la imagen en cuestión, son sus muy particulares motivaciones para conseguir modificar la ley del aborto.