sábado, diciembre 20, 2008

De Retiraos y advertencias

A las buenas. ¿Hay alguien ahí? Porque por aquí, más bien no, y tiene que ser uno de nuestros afamados lectores-corresponsales quien nos despierte del letargo invernal en el que nos hallábamos sumidos.

Alerta permanente

Hacía un día precioso. El sol brillaba en el cielo, y la temperatura era ideal.

Salí a comer algo y a despejar un poco la mente. Me senté en un banco a contemplar uno de mis lugares favoritos. El mar y la montaña juntos. La vida es maravillosa. Qué paz, qué tranquilidad, qué... ¿qué demonios es esto?

De repente noto que tengo un bolígrafo en la mano, y en mis rodillas tengo una carpeta con un papel sobre ella. Miro a mi izquierda, y hay una chica que parece ser o sorda o extranjera. Miro el papel, y es una recogida de firmas para un edificio para gente con discapacidades.

Me acaban de cortar el rollo. No me apetece discutir y ensuciar mi aura de paz. Quiero volver rápidamente a donde estaba un minuto antes. Así que firmaré el papel.

Me pongo a rellenar el nombre, la firma, y veo que hay un apartado de donaciones, en el que otras personas han contribuido con cantidades entre 20 y 300 euros. Inmediatamente le explico a la chica que no tengo dinero para donar. Me dice que si no tengo mucho, que lo que pueda. Saco la cartera y le doy 2,50€.

La chica se va por fin. Pero yo no recupero mi aura de paz. En lugar de ello, tardo unos segundos en darme cuenta de que me acaban de timar.

No lo entiendo. Recogían las firmas en un papel fotocopiado. Los términos eran muy abstractos. Ni siquiera había un apartado para poner mi DNI. ¿Cómo me la pueden haber dado tan fácilmente?

Sigo dándole vueltas. Vamos a ver: cuando llama una operadora a mi casa, les cuelgo sin dejarles siquiera explicarme la oferta. Cuando vino el timador del gas, le dije que no tenía dinero en casa y le indiqué el camino hacia la puerta. Cuando me asaltan por la calle los testigos de Jehová (que nadie tire piedras hasta que suene el silbato) sigo andando sin casi mirarles. Cuando me llamaron diciendo que había ganado un año de llamadas gratis y que tenía que llamar a un 906 para confirmarlo, llamé a la policía informando del suceso. Cuando leo o veo declaraciones de un político, inmediatamente pienso que casi con toda probabilidad lo que va a decir es mentira. Cuando me intentaron hacer socio de El Círculo de Lectores, acabé dando un portazo al hombrecillo en cuestión.

¿Por qué esta vez ha sido diferente? Por fin, caigo en la cuenta. Cuando estoy en casa y suena el teléfono, o llaman a la puerta, inmediatamente se encienden las luces de aviso en mi cerebro. Pero la chica esta me cogió justo en un momento en el que estaba distraído con una cosa, y mi prioridad no era no ser timado sino disfrutar del ambiente.

Cuando volví al curro, me prometí que eso nunca volvería a pasar. Y la solución me la había dado Alastor Moody años atrás: ¡ALERTA PERMANENTE!

A partir de hoy, por muy distraido que esté, por mucha paz y tranquilidad que tenga, por mucho que piense que el mundo es tan bonito que no puede existir mal en él, si alguien me viene me vuelve a poner un bolígrafo en la mano y me ofrece un papel-timo pidiendo una donación le meteré el bolígrafo en el ojo y le haré tragar el papel le indicaré amablemente que en estos momentos prefiero que me dejen tranquilo.

Alerta permanente, chicos. La verdad está ahí fuera.

1 comentario:

El Portu dijo...

Mal, Retirao, mal, ni yo he picado en una de estas, y eso que la tipa que se me acercó hoja en mano me pilló totalmente en la inopia durante uno de mis afamados paseos a velocidad absurda por el centro de la ciudad.

Eso sí, por los pelines, que ya había rellenado todos los campos solicitados, pero en cuanto leí "donación" comencé a sospechar y salí por patas, balbuceando algo del tipo "no, es que no tengo cambiado". Ruin, pero efectivo.